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El Espacio Psíquico: factor determinante en el proceso de curar un TOC

El Espacio Psíquico: factor determinante en el proceso de curar un TOC

En algunos de los artículos e informaciones que ofrecemos en la web del IPITIA yo mismo he escrito en varias ocasiones que el porcentaje de eficacia de nuestra metodología AFOP en el tratamiento del TOC es sustancialmente alto pero que aún así nos encontramos con niveles de resistencia, en algunos casos, que no nos permite estar del todo satisfechos. Por eso también escribí que seguíamos investigando sobre cuáles podían ser esos factores y uno de ellos sería el que podríamos llamar espacio psíquico. Entorno no físico en el que “habita” el paciente y que acaba siendo fundamental en el proceso de curación del trastorno obsesivo.

¿Qué es el Espacio Psíquico?

La mayor parte de los pacientes que acuden a nuestro centro para tratarse de un trastorno obsesivo, a veces grave y crónico, son animados por nuestra parte, a iniciarse en alguna actividad que empiece a despertar los instintos más primarios bloqueados, en algún momento de su infancia o adolescencia, por la inhibición o el miedo. Cierto es que esto por sí solo no es suficiente pero sí imprescindible, a ello yo le llamo “empezar a calentar motores”.

Esto significa que se inicia un proceso de activación que posteriormente deberá trasladarse a la realidad vital de cada paciente. Y ahí estriba la habilidad de cada uno de los terapeutas para conseguir esa vinculación entre instinto, vida y posteriormente naturaleza esencial de cada persona.

Pero empezamos a comprobar que había pacientes que aún realizando todos los cambios que pedíamos seguían atrapados en su bucle obsesivo, ya fuera éste del contenido que fuera (miedo a ser homosexual, a agredir a alguien, a ser pedófilo, a perder la razón, etc.). En cambio otros evolucionaron bastante rápidamente. ¿Qué es lo que marcaba la diferencia entre unos y otros?

Lo que podríamos llamar el espacio psíquico.

¿En qué consiste dicho espacio?

Si el espacio físico es el lugar donde vivimos, su clima, los metros cuadrados de nuestro hogar, su decoración, la vegetación del área, la densidad de población de la zona, etc., el espacio psíquico serían las influencias recibidas y que abarcaría las del entorno más cercano y también aquel que nos influye por una cuestión de tradición y cultura.

Me explico, es muy habitual en los pacientes con trastornos obsesivos seguir recibiendo los mensajes, actitudes, observaciones y comunicación no verbal de aquellos que en su momento les generaron un bloqueo significativo de su espontaneidad instintiva. Dicho de otro modo:

¿cómo puede uno liberarse de la cárcel si todo lo que le rodea le recuerda dicha prisión?

Imaginemos que el entorno familiar, laboral o ideológico de un paciente con TOC se ha hecho consciente de la problemática psíquica del afectado y reduce su actitud invasiva y controladora pero en realidad esta puede seguir estando latente e implícita aunque no se manifieste directamente. Por ello el paciente no puede salir de esa situación.

Caso de padres tiránicos y extremadamente moralistas que adoptan una actitud de respeto, obligada, hacia el hijo o hija afectado. Pero en realidad no cambia nada. El hijo seguirá percibiendo la necesidad de control, de invasión, de impedirle su libertad como individuo, por tanto no podrá activar los instintos bloqueados en el pasado (por circunstancias diversas de las que ya he hablado en otros artículos) y parecerá que hace todo para salir pero en realidad está atrapado en una jaula de cristal.

Pongamos algunos ejemplos: Hay dos tipos de personalidades, además de los rígidos controladores, que también bloquean de modo silencioso cualquier acto liberador que permita al obsesivo empezar a salir del bucle:

    • Los dependientes

Son personalidades inseguras que deben, necesitan, tener un enfermo psíquico o físico a su lado para no sentirse solos/as. Cualquier intento de superación de un TOC por parte del afectado tratarán sutilmente de bloquearlo, para no quedarse sin su “compañero-mascota”. Es el caso de parejas miedosas o de padres o madres que convierten a su hijo/a en cónyuge sustitutivo. Muchas veces, por ejemplo, los celosos e inseguros prefieren tener a su lado a alguien con TOC que a alguien libre.

    • Los pasivo/agresivos

Probablemente la más detestable de todas las personalidades patológicas, -a quien le toque o tenga uno cerca en su vida podrá comprobar cómo son capaces de generar frustración e irritabilidad de forma permanente-. Este tipo de personajes van a hacer lo imposible para que el paciente de TOC, en el fondo mucho más vital y energético, no se cure nunca.

¿Cómo lo harán? Boicoteando silenciosamente toda oportunidad de activación de las pulsiones a través de bloquear, de forma esquiva o aparentemente olvidadiza, cualquier solicitud de ayuda o colaboración que se les solicite. Y, a diferencia de los dependientes, mucho más obvios y emocionales, los pasivo-agresivos planifican su estrategia de boicot para que nunca se puedan conseguir los objetivos, y en el caso de los pacientes de TOC para que nunca lo puedan superar.

¿Por qué lo hacen? Por la rabia e ira que sienten al no ser tenidos tan en cuenta como necesitarían. En realidad temen ser usados en lugar de considerados, producto de su baja autoestima.

¿Por qué es necesario salir de un espacio psíquico inhibidor?

Porque si se activa la naturaleza instintiva del paciente, si con ello inicia procesos de transformación personal, si conecta cada vez más con su naturaleza esencial pero el entorno permanece igual, nos podemos encontrar con que el afectado entra y sale del bucle obsesivo de forma permanente, condenado a luchar contra las influencias, a veces muy sutiles, del medio.

Las propias creencias del paciente, a veces anclado en obligaciones morales sin mucho sentido más que el miedo a la individuación, son también potenciales aliadas de un entorno restrictivo.

¿Cómo salir de un espacio psíquico negativo?

Saliendo, físicamente, de él.

A veces el esfuerzo por transformarlo requiere de tanta energía que es preferible marcharse. Y no hace falta hacerlo de manera brusca ni agresiva, se trata simplemente de trasladarse a suficiente distancia física para no tener que sufrir la influencia directa de ese entorno.

Trasladarse para poder empezar a salir del bucle y aplicar en una nueva vida todo aquello que ha podido activar en la terapia, -pulsiones, instintos-, recuperando la conexión con su Yo verdadero y no con la personalidad sobreadaptada con la que ha vivido hasta ahora.

¿Qué ocurre si el paciente no puede distanciarse físicamente del entorno físico?

Entonces no le quedará más remedio que construir una identidad fuerte que sea invulnerable al juicio moral y conductual del entorno, pero sin gastar un ápice de energía en intentar convencer y mucho menos transformar dicho entorno.

Para eso será necesario escuchar cual es la propia verdad interior, cual es el tipo de vida que la persona desea llevar y cómo ignorar la culpa que el entorno arroja, explícita o implícitamente, cada vez que el afectado hace un acto de libertad.

Algunas preguntas para reflexión de los lectores

  • ¿Es posible ser madre o padre y hacer un viaje en solitario sin los niños? ¿Es posible no seguir las pautas y tiempos establecidos por la familia de origen cuando uno ya es adulto? ¿Desarrollar una nueva afición a cualquier edad? ¿Dejar de hacer aquello que no es necesario y que te aburre solemnemente?
  • ¿Despertar el erotismo adormecido sin sentirse culpable? ¿Dejar de ver o frecuentar personas que ya no nos interesan (excepto ancianos o enfermos donde sí tenemos una responsabilidad ética)? ¿Distinguir entre fidelidad y lealtad? ¿Pasar un fin de semana sin tu pareja? ¿Cambiar de trabajo o salir de un trabajo que nos deprime?
  • ¿Poner coto a personas que solo están con nosotros por interés? ¿Es posible ser contundentemente asertivo con aquellos que no nos tratan adecuadamente? ¿Es posible dejar a una persona en condiciones de salud física normal que se haga cargo de sí misma y no dependa de nosotros para todo? ¿Reinventarse a cualquier edad?

Mi respuesta a todo ello es  pero para ello hay que poner energía, no en convencer a los demás sino en estructurarse y habituarse a actuar de este modo hasta que podamos integrarlo como un estilo de vida, solamente así se puede uno liberar en medio de un espacio psíquico negativo.

Superar un trastorno obsesivo implica, tarde o temprano, cambiar de vida, exterior o interior, pero siempre va a haber una revolución de por medio.

Damián Ruiz

Psicólogo Clínico

Analista junguiano

Director del IPITIA

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