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La importancia de pedir ayuda profesional cuando desarrollamos síntomas de TOC o trastornos de Ansiedad

Cuando uno empieza a desarrollar síntomas propios de los trastornos obsesivos y de ansiedad, fácilmente puede pasarle desapercibido y no ser consciente de ello. Sin embargo, una vez transcurre el tiempo y los síntomas se van instalando y manifestando, la persona que los padece va tomando conciencia y es aquí, en ese darse cuenta y ser consciente, cuando es importante pararse y reconocer lo que nos pasa.

Puede ser que en un principio no entendamos por qué hacemos uno o varios rituales, ni por qué tenemos uno o varios pensamientos recurrentes e involuntarios que no dejan de venir a nuestra mente cada dos por tres y que se mantienen a lo largo del tiempo. Estos son solo algunos ejemplos que nos pueden pasar. El primer paso es reconocer e identificar estos síntomas y no importa tanto si no entendemos las razones por lo que nos pasa, más adelante ya nos ocuparemos de ello.

En la medida en que estos pensamientos obsesivos y recurrentes van tomando fuerza, ello nos puede ir incapacitando e invalidando en nuestro día a día. Por ejemplo, si tenemos pensamientos obsesivos de comprobación, ello puede hacer que constantemente estemos comprobando que hayamos cerrado la llave del gas, lo que puede hacer que tardemos mucho más en salir de casa, y por lo tanto, que lleguemos tarde al trabajo o al lugar donde tenemos que ir. O por ejemplo, que tengamos que comprobar todo el tiempo que tenemos toda la ropa ordenada y colocada de una manera concreta antes de hacer nada y la consecuencia sea la misma: que lleguemos tarde allá donde hemos de ir, y que además, hagamos cosas que realmente no queremos hacer, porque uno no desea estar todo el tiempo comprobando la llave del gas ni mirando que la ropa esté bien ordenada y colocada. Ahí es donde hemos de ver que aquello que nos pasa nos domina hasta tal punto que nos impide llevar una vida normal, interfiriendo en nuestra vida cotidiana.

Reconocer la gravedad de lo que nos pasa

El paso más importante es reconocer aquello que nos pasa. Si reconocemos y aceptamos que lo que nos pasa es grave, porque nos invalida en nuestro día a día, tendremos mucho ganado, porque ello significa que tenemos conciencia de que aquello no nos permite llevar una vida con normalidad y por lo tanto, tampoco nos permite sentirnos bien con nosotros mismos.

Si hemos tomado conciencia y nos hemos dado cuenta de la gravedad de ello, probablemente ya hayamos intentado cambiar las cosas por nosotros mismos, pero lo cierto es que cuando los síntomas ya se han manifestado y tienen un cierto recorrido, es muy complicado cortar con ello, porque no es sencillo terminar con aquellas dinámicas que ya están muy instaladas y arraigadas, y por lo tanto, que ya forman parte de nuestra manera de actuar y vivir.

Perder el miedo al estigma social

Una vez hemos reconocido la gravedad de lo que nos pasa, es muy importante no tener miedo de lo que los demás (nuestro entorno social: seres queridos, familiares, amigos, compañeros de trabajo, etc.) puedan pensar.

Es cierto que hay cierto estigma social en relación a todo lo que tiene que ver con las psicopatologías, los trastornos, las enfermedades, los síntomas… y que puede ser difícil e incómodo hablar de ello con naturalidad si tiene esa connotación negativa y es un tema tabú, pero ello no nos ha de condicionar ni influenciar a la hora de poder reconocer y expresar lo que nos pasa.

Es fundamental no tener miedo de que podamos ser juzgados por los demás. Hemos de intentar estar por encima de ello. ¿Y por qué es tan importante? porque al final se trata de nuestro bienestar y de nuestra salud mental. Si queremos tratar de cambiar las cosas y procurar erradicar toda esta sintomatología que nos hace sufrir y nos invalida en nuestra vida cotidiana, el primer paso es, tal y como hemos dicho, reconocer y aceptar lo que nos pasa, pero también estar por encima de la visión social que en general se tiene de ello. De todas maneras, las personas que realmente nos importan y a quienes importamos, muy probablemente nos muestren su apoyo y comprensión. Por eso, el miedo que podamos sentir no debe paralizarnos ni hacernos vivir en soledad todo esto que nos está haciendo sufrir.

El hecho de verbalizar lo que nos pasa y poderlo compartir es de por sí  terapéutico. Por el contrario, si vivimos todo este malestar de manera individual y sin apoyarnos en nadie, todo se hace mucho más difícil e incluso a veces, el hecho de no contar con alguien externo, puede hacer que en ciertos momentos nos sintamos más deprimidos y / o más ansiosos. Compartir nuestra vivencia interna nos va a generar una cierta calma y serenidad, y además, el afecto y el punto de vista del otro nos va a dar mayor confianza, seguridad, acompañamiento… Por todo ello, vemos que al final, dar el paso de reconocer y compartir lo que nos pasa, aunque en un principio puede ser difícil, luego todo ello se traduce en un bien enorme y fundamental para nuestra salud mental y nuestro bienestar personal.

Cuanto antes nos pongamos en manos de un profesional, mejor pronóstico

El hecho de contar con el apoyo y la confianza de nuestros seres queridos y amigos es una gran ayuda para sentirnos acompañados y sobrellevar de una manera un poco más ligera nuestro malestar. Sin embargo, aunque contemos con nuestros familiares y amigos, ellos no nos van a poder ayudar a generar cambios significativos respecto a nuestros síntomas. Es cierto que nuestro entorno, en determinados momentos y circunstancias, nos puede ayudar a aligerar nuestro malestar interno y nuestra ansiedad, pero no van a poder cambiar esas dinámicas internas que nos generan ansiedad, porque todo eso es mucho más complejo. Para ello es fundamental pedir ayuda a un profesional.

Puede ser difícil tomar la decisión de pedir ayuda a un profesional, porque ello significa tener que enfrentarse al problema y también conlleva hacer un trabajo profundo donde el foco no sólo se va a centrar en la sintomatología, sino también en todas aquellas áreas internas que generan ansiedad y que por lo tanto, no nos hacen ningún bien. Sin embargo, si queremos intentar erradicar y cambiar todo esto que nos hace sufrir, lo mejor que podemos hacer es ponernos en manos de un profesional que tenga formación y experiencia en el ámbito propio de nuestra patología o sintomatología. El hecho de ponernos en manos de un psicólogo cualificado nos ayudará mucho más de lo que pensamos, porque a través de las sesiones, no solo trabajaremos los síntomas, sino que podremos conocernos mejor a nosotros mismos, tener una mayor conciencia de aquellas dinámicas internas patológicas inconscientes e ir conociendo todo aquello que nos es inconsciente y que nos condiciona generandonos un cierto malestar y ansiedad. Evidentemente, para que se consigan cambios significativos se necesita un compromiso por parte del paciente y su predisposición y voluntad a la hora de querer colaborar y poner todo de su parte. Asimismo, cuando hay unas dinámicas que están muy arraigadas e instaladas en la persona, y la  sintomatología ya lleva un tiempo manifestándose, se necesita tiempo. Uno no puede conseguir cambios de manera inmediata.

Es importante señalar que cuanto antes pidamos ayuda y nos pongamos en manos de un profesional, tendremos mejor pronóstico. El hecho de pedir ayuda con relativa rapidez puede ayudar a que el trabajo terapéutico no tenga que ser tan largo o tan profundo, porque a lo mejor aquellos núcleos patológicos no están tan instalados, y por lo tanto, todavía se hallan flexibles, lo que podría facilitar que se consigan cambios significativos de una manera relativamente rápida, por eso es importante pedir ayuda con cierta rapidez. De todas maneras, si por lo que sea, pedimos ayuda cuando ya ha pasado mucho tiempo, no pasa nada.

Lo fundamental y primordial es que, más tarde o más temprano, acudamos a un profesional, porque solo a través de un trabajo terapéutico hallaremos la manera de conseguir los siguientes objetivos:

  • Descubrir el origen y las causas de la ansiedad
  • Reducir la ansiedad de una manera contundente
  • Reducir los pensamientos e ideas obsesivas
  • Reducir los rituales
  • Descubrir y liberar las áreas inhibidas y bloqueadas
  • Hallar los recursos necesarios para cambiar la situación

En definitiva, pedir ayuda a un profesional es la mejor decisión que podemos tomar, ya que todo lo que nos proporciona un trabajo psicoterapéutico son enormes beneficios que nos ayudarán muy claramente a conseguir un estado interno de bienestar y por lo tanto, alcanzaremos una mayor calidad de vida en todos las parcelas de la misma (en nuestro entorno personal / familiar, laboral y social…).

El miedo no debe impedirnos dar el paso de pedir ayuda. Si tenemos miedo y tenemos dudas, hemos de pensar en lo que ganamos si hacemos un trabajo terapéutico y sobre todo en los cambios que podemos conseguir a medio o largo plazo. Al final se trata de nuestro bienestar y tenemos que pensar si nos vale la pena seguir como estamos o en consultar a un profesional para conseguir cambios sustanciales y significativos, que nos permitan pasar a vivir una vida mejor.

Si te encuentras en esta situación de querer pedir ayuda y te gustaría enfrentarte a ello de una manera contundente, puede que sea de tu interés formar parte del programa intensivo que desarrollamos en el mes de Mayo. Puedes consultar en este enlace para tener toda la  información que necesites.

Jerónimo Carles.
Equipo de Ipitia
Barcelona

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