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El miedo a hacer daño a los propios hijos (una modalidad de trastorno obsesivo)

El miedo a hacer daño a los propios hijos (una modalidad de trastorno obsesivo)

Uno de los contenidos más comunes de trastorno obsesivo en adultos es el que se refiere al miedo a hacer daño, a agredir física o sexualmente a los propios hijos.

Este miedo aterroriza al padre o la madre que lo padece puesto que le paraliza, llegando en algunos casos a no querer estar a solas con los niños, a no querer bañarlos o en los casos más extremos a no poder tocarlos o abrazarlos cariñosamente. Y muchas veces este miedo les genera tal terror, tal conflicto interno, que ni siquiera son capaces de compartirlo con nadie pues temen que lleguen a pensar de ellos que son unos degenerados o depravados, o bien unos psicópatas sin escrúpulos.

El origen: la ansiedad

Pues bien, tranquilos por favor, esos temores son simplemente el producto de una ansiedad extrema que no encuentra forma de canalización en la vida real y que por tanto alimenta un pensamiento obsesivo, torturante, para llevar a la persona que lo padece a un grado de tensión insoportable. ¿Con qué fin? Con el fin de que haga algo para liberarse de ello, liberarse del bloqueo que tiene sobre sus pulsiones más básicas.

Cuando estuve trabajando en el desarrollo de la metodología AFOP (activación y focalización pulsional) me di cuenta que el trastorno obsesivo, más allá de la posible predisposición genética, representaba un bloqueo de la acción y la conducta madura provocado por situaciones de pánico o de estrés en algún momento de la infancia o la adolescencia, y que habían generado una fuerte inhibición de los instintos dando lugar a personas que en lugar de vivir se limitaban a pensar, y siempre de modo muy correcto, procurando estar a bien con todo el mundo.

TOC

Por ello, porque en el fondo cumplen una función que obligan a la persona a liberarse o a sucumbir, los pensamientos obsesivos son casi siempre los peores que una persona puede tener. Es decir, el TOC propio de alguien con hijos es este del que estoy hablando, el propio de un heterosexual tradicional y con novia es el de creer que puede ser gay, el de un gay el de tener el sida o estar cometiendo algún tipo de pecado, el de alguien con un fuerte sentimiento de culpa derivado de una grave inhibición de su sexualidad sería la obsesión por la limpieza, así suma y sigue.

Como explico en mi libro “Liberar al mono, rescatar a la princesa” todo tiene un sentido, un significado y no está conectado con el tema de la obsesión, sino con aspectos de la propia experiencia personal que deben ser sacados a la luz y actuados de un modo mucho más libre.

Si es tu caso, no temas, ni te gustan los niños ni quieres hacerles daño, es simplemente un altísimo nivel de ansiedad el que te lleva a esas creencias. Y eso se puede cambiar.

Damián Ruiz

Psicólogo Clínico

Analista junguiano

Director del IPITIA

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